
sábado, 29 de diciembre de 2007
jueves, 20 de diciembre de 2007
martes, 18 de diciembre de 2007
lunes, 17 de diciembre de 2007
viernes, 14 de diciembre de 2007
MING TANG
jueves, 13 de diciembre de 2007
GOLEM

Si los justos quisieran crear un mundo, podrían hacerlo. Combinando las letras de los inefables nombres de Dios, Rava consiguió crear un hombre y lo mandó a Ray Zera. Este le dirigió la palabra; como el hombre no respondía, el rabino le dijo: "Eres una creación de la magia; vuelve a tu polvo".
Dos maestros solían, cada viernes, estudiar el Sepher Yezirah y crear un ternero de tres años que luego aprovechaban para la cena.
Sanhedrin, 65, b.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
lunes, 10 de diciembre de 2007
domingo, 9 de diciembre de 2007
ELLA

ELLA
De niño solía seguir a la gente.
Es probable que fuese un niño solitario.
Una enfermedad de la sangre me hacía guardar cama muy a menudo.
Recuerdo más los delirios de la fiebre que la sonrisa de mi madre.
Es probable que fuese un niño raro.
Rehuía el trato de otros niños.
Mi hermana, que se escondía en el baño para llorar, solía decir:
Este niño será un hombre triste.
Tenía razón.
Soy un hombre triste.
Quizá sea la costumbre.
Aún conservo la manía de seguir a la gente.
Vivo solo.
Cuando el lugar donde vivo se me hace insoportable.
(Un quinto piso en un barrio obrero de una gran ciudad).
Salgo a la calle.
Allí intento abrazar mi vida con las dos manos.
Y nunca está allí.
Me entretiene ver los coches pasar en la autopista.
Un día vi un accidente mortal.
Un renault clío se salió de la calzada.
Esa noche pude dormir.
Esa noche no vino
Ella.
El jueves era festivo.
La calle vacía invitaba a la melancolía.
No soy supersticioso pero esa frase leída en un libro sobre inteligencia emocional me empujó a salir.
Lo primero que llamó mi atención fueron los puños raídos de su camisa.
Andaba pegada a los edificios como si le diese miedo la vida.
Igual que yo.
Eso y su mirada inquieta me atrajo desde el primer momento.
Cuando sigo a alguien no disfruto.
Sería un error pensar que así es.
Podemos explicar porqué vamos al estanco o a la iglesia.
Al burdel o a las carreras.
Nunca conseguí entender qué me empuja a seguir a la gente.
Cruzó la calle sin mirar.
Eso hizo que me decidiese.
La gente no nos veía.
Empleo el plural porqué, por entonces, una cadena invisible nos unía. Inconscientemente imitaba sus gestos.
La mano nerviosa retirando un mechón de pelo.
La fijeza algo huidiza de los ojos.
La desesperada tensión en la boca.
Giró bruscamente y sus pasos siguieron un rumbo errático.
Todas las alarmas se encendieron.
¿Me habría equivocado?
Quizá al final no fuese ella.
Un viento repentino barrió de inmundicias la calle.
Un tímido relámpago iluminó el horizonte.
Cuando la lluvia borró los contornos de la mujer.
Vi, a duras penas, su mano brotar de los puños raídos.
Sólo para empujar la puerta labrada de una iglesia de barrio.
Un sacerdote enfermo tosía encerrado en el confesionario.
Una anciana se arrepentía aferrada a un rosario oscuro.
Ella se acercó, sus pies no tocaban el suelo.
Su mano se desenredó sobre los ojos de un niño.
¿Qué hacía un niño en el aire de plomo?
Solo noté la respiración cuándo cesó.
El niño raro siguió a la mujer.
Y juntos desaparecieron en la lluvia.
De niño solía seguir a la gente.
Es probable que fuese un niño solitario.
Una enfermedad de la sangre me hacía guardar cama muy a menudo.
Recuerdo más los delirios de la fiebre que la sonrisa de mi madre.
Es probable que fuese un niño raro.
Rehuía el trato de otros niños.
Mi hermana, que se escondía en el baño para llorar, solía decir:
Este niño será un hombre triste.
Tenía razón.
Soy un hombre triste.
Quizá sea la costumbre.
Aún conservo la manía de seguir a la gente.
Vivo solo.
Cuando el lugar donde vivo se me hace insoportable.
(Un quinto piso en un barrio obrero de una gran ciudad).
Salgo a la calle.
Allí intento abrazar mi vida con las dos manos.
Y nunca está allí.
Me entretiene ver los coches pasar en la autopista.
Un día vi un accidente mortal.
Un renault clío se salió de la calzada.
Esa noche pude dormir.
Esa noche no vino
Ella.
El jueves era festivo.
La calle vacía invitaba a la melancolía.
No soy supersticioso pero esa frase leída en un libro sobre inteligencia emocional me empujó a salir.
Lo primero que llamó mi atención fueron los puños raídos de su camisa.
Andaba pegada a los edificios como si le diese miedo la vida.
Igual que yo.
Eso y su mirada inquieta me atrajo desde el primer momento.
Cuando sigo a alguien no disfruto.
Sería un error pensar que así es.
Podemos explicar porqué vamos al estanco o a la iglesia.
Al burdel o a las carreras.
Nunca conseguí entender qué me empuja a seguir a la gente.
Cruzó la calle sin mirar.
Eso hizo que me decidiese.
La gente no nos veía.
Empleo el plural porqué, por entonces, una cadena invisible nos unía. Inconscientemente imitaba sus gestos.
La mano nerviosa retirando un mechón de pelo.
La fijeza algo huidiza de los ojos.
La desesperada tensión en la boca.
Giró bruscamente y sus pasos siguieron un rumbo errático.
Todas las alarmas se encendieron.
¿Me habría equivocado?
Quizá al final no fuese ella.
Un viento repentino barrió de inmundicias la calle.
Un tímido relámpago iluminó el horizonte.
Cuando la lluvia borró los contornos de la mujer.
Vi, a duras penas, su mano brotar de los puños raídos.
Sólo para empujar la puerta labrada de una iglesia de barrio.
Un sacerdote enfermo tosía encerrado en el confesionario.
Una anciana se arrepentía aferrada a un rosario oscuro.
Ella se acercó, sus pies no tocaban el suelo.
Su mano se desenredó sobre los ojos de un niño.
¿Qué hacía un niño en el aire de plomo?
Solo noté la respiración cuándo cesó.
El niño raro siguió a la mujer.
Y juntos desaparecieron en la lluvia.
sábado, 8 de diciembre de 2007
miércoles, 5 de diciembre de 2007
lunes, 3 de diciembre de 2007
domingo, 2 de diciembre de 2007
sábado, 1 de diciembre de 2007
viernes, 30 de noviembre de 2007
jueves, 29 de noviembre de 2007
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